Las señales del 15M, una década después

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Artículo de opinión de Cristina Monge  @tinamonge  publicado el 13 de abril de 2021 en Noticias de Gedisa (enlace). 

 

Se cumplen diez años del surgimiento del movimiento 15M en España, diez años de la aparición de la «nueva política» y la indignación que hizo saltar por los aires el sistema de bipartidismo imperfecto vigente en el país desde la Transición. En Tras la indignación. El 15M: miradas desde el presente, un volumen coordinado por Cristina Monge, José Ángel Bergua, Jaime Minguijón David Pac, disponible en librerías de España y en formato ebook (clicar al enlace del título), investigadores e investigadoras que siguieron de cerca la movilización, profundizan en aspectos políticos, culturales y comunicativos del 15M, en las experiencias de las candidaturas municipalistas y en cómo se entendió, se vivió y se interpretó el movimiento de los indignados desde el otro lado del Atlántico.

Publicamos aquí un fragmento de la introducción de Cristina Monge al libro, en el que participan como autores: Antoni Gutiérrez-Rubí, Quim Brugué, Borja Barragué, Eva Anduiza, Tomás R. Villasante, Araceli Mateos, Laura Moya, Maribel Casas, Jorge Lago, Iolanda Bianchi, Beltrán Roca, Alan Barroso, María Corrales, Miguel Álvarez, Luis Moreno Caballud, Pamela Vaccari y Eduardo Chavez.

El texto íntegro de esta introducción se puede descargar en pdf al final del artículo, desde donde también se puede consultar el índice de contenidos del libro, reseñas y presentaciones.

«Panorámica retrospectiva. Las señales del 15M, una década después»

Por Cristina Monge

Una crisis financiera que pronto se convirtió en económica. Una crisis económica que enseguida mutó en social. Una crisis social que no podía permanecer ajena a la política. Casi un 50% de desempleo entre los y las jóvenes, y severos recortes de lo público. En este contexto, en una situación de la que sólo nos separan diez años, el movimiento 15M, o movimiento de los indignados, catalizó reivindicaciones y malestares previos integrándolos con los propios de aquel momento.

La crisis, mostrando desde muy pronto su carácter multidimensional, puso de manifiesto el agotamiento de algunos de los conceptos e instrumentos políticos que habían cristalizado en la Transición española: el papel de los partidos políticos, convertidos entonces en protagonistas exclusivos de la democracia; el rol de la sociedad civil, mucho más endeble que en otros países del mismo entorno; y por supuesto la idea de participación, que jamás llegó a dar frutos suficientes como para implicar a una parte sustancial de la ciudadanía. Tanto, que algunos expertos y activistas vieron en el 15M el inicio de una Segunda Transición, llamada esta vez a fortalecer la sociedad civil lo suficiente como para robustecer el sistema democrático (Monge, 2017).  Los indignados hicieron esta lectura de la estructura de oportunidad política y la plasmaron en sus protestas y propuestas, dibujando lo que algunos analistas entendieron como un proceso constituyente para dar respuesta al momento destituyente que la crisis había instaurado.

Manifestación 15 de mayo 2011 en Madrid (Olmo Calvo)

Jóvenes a los que la sociedad había fallado en su promesa de bienestar, junto con otros no tan jóvenes que se consideraban a la par estafados y cómplices de la estafa, se vieron expulsados del mismo. «No somos antisistema, el sistema es antinosotros», decían. En el «sistema» no incluían sólo a los grandes poderes económicos, ni sólo a la clase política, sino al conjunto de actores percibidos como parte esencial del establishment, a los que más tarde Podemos denominaría «la casta». De ahí el «no nos representan» señalando a los líderes políticos, o la compleja relación con sindicatos y medios comunicación, entre otros. Así, se declaraba oficialmente inaugurada la crisis de la intermediación. No obstante, no se derivó de este discurso un cuestionamiento de la democracia ni un argumentario antipolítico. Más bien al contrario, el 15M apostó por más democracia y más política, de forma que ésta trascendiera los límites de lo institucional.

[…]

En la literatura especializada se habla de «efectos», «impactos» y «éxito» de los movimientos sociales. Respecto a los dos primeros, son muchos ya los trabajos que los equiparan (Casquette, 1998). Más conflictiva, sin embargo, es la idea de éxito, que alude a la consecución de los objetivos propuestos. Objetivos planteados por el movimiento y que dan razón de ser al mismo, que son distintos de los éxitos que puede tener una movilización o una acción concreta. El éxito en la movilización es distinto al éxito en la consecución de los objetivos del movimiento. Del éxito en la movilización de los indignados nadie duda. La discusión sobre el éxito de sus objetivos, sin embargo, permanece abierta.

Manifestación 15M en Málaga (vreimunde)

Cuatro señales que emitió el 15M y que han delimitado el perímetro del debate político durante una década

Con objeto de avanzar en el debate, se propone aquí pensar en algunas de las señales que el 15M emitió y analizar, diez años después, qué ha sido de ellas. Sin ánimo de exhaustividad, a lo largo de las siguientes páginas se enumeran algunas de las más relevantes; aquellas que protagonizaron buena parte de los lemas que se oían y se leían en las plazas.

Señal 1: «Entre capullos y gaviotas, nos han tomado por idiotas». Los partidos tradicionales ya no valían.

La señal más nítida que el 15M envió es que los partidos tradicionales no eran ya capaces de satisfacer las necesidades de buena parte de la población. Mayoritariamente de los jóvenes, pero no sólo de los jóvenes. De ahí la emergencia de un nuevo cleavage político sobre la «vieja» y la «nueva» política. Podemos y las candidaturas municipales de 2015 en el ámbito progresista, y Ciudadanos en el conservador, son la consecuencia de aquello que señalaban los indignados: «No nos representan». ¿Quiénes?, ¿los políticos? No. Los partidos que durante más de tres décadas habían protagonizado la vida política española y en medio de una crisis eran incapaces de ofrecer soluciones. Las expectativas depositadas en las nuevas formaciones eran, de esta manera, proporcionales a la desafección que causaban los partidos tradicionales. Y quizá haya que buscar en este elemento algunos de los motivos de su fugacidad.

[…]

Señal número 2: «No nos representan». La recuperación de la credibilidad en la democracia pasaba por la participación, la transparencia y la rendición de cuentas de sus principales actores sociales y políticos. 

El 15M señaló la necesidad de profundizar en democracia mediante la participación, la transparencia y la rendición de cuentas. Y fue más allá: en línea con lo que Rosanvallon llamaría la «democracia de apropiación» (Rosanvallon, 2015), los indignados proponían que estos criterios inundaran todo el espacio público. Diez años después se constata en múltiples estudios que distintos actores sociales y políticos, con más o menos acierto, han ido tomando medidas al respecto, descubriendo tanto su potencial como sus límites.

Los temas que el 15M hizo emerger desde las redes y las plazas acabaron entrando en casi todas las organizaciones políticas, con resultados dispares. Se trata fundamentalmente de procesos de selección de las élites con elecciones primarias o dispositivos similares, la aprobación de códigos éticos, la limitación de mandatos o medidas de transparencia recogidas por los partidos políticos, entre otros asuntos. Parece difícil que estas medidas vayan a retroceder. Cosa distinta será la evaluación de su eficacia y si, efectivamente, han sido instrumentos útiles en lo que se proponían, que no era otra cosa que incrementar la calidad democrática de esas organizaciones (Gomez Yañez y Navarro, 2019; Rodriguez Teruel y Barberá, 2019). El debate está abierto, y dada la generalizada incorporación de estas dinámicas, seguro que es objeto de atención los próximos años por parte de la sociología y la ciencia política.

[…]

Señal número 3: «Me gustas, democracia, pero estás como ausente». Era el momento de poner «la política en el centro».

El 15M señaló también la necesidad de «poner la política en el centro», es decir, de repolitizar la sociedad de forma que fuera la base para un sistema político más democrático. El descubrimiento del potencial transformador de la acción colectiva que supuso el 15M fue un desafío y un cuestionamiento de la máxima neoliberal según la cual no hay alternativa y la Historia ha llegado a su estación término. Sus propuestas iban encaminadas a reducir esta separación y encontrar elementos de coproducción política, aunque este aspecto no contiene una propuesta clara en el discurso subyacente del movimiento ni llega a abordar los detalles de esta coproducción que, como han señalado algunos expertos, genera dudas en cuanto a la identificación de los actores, el papel mediador de la política, o la gestión del disenso, entre otros.

[…]

Señal 4: «CCOO y UGT no están aquí. Están reunidos con los empresarios». También lo social debía repensarse.

La señal de renovación de las organizaciones que lanzó el 15M no se quedó en los partidos. Se hizo extensiva al conjunto de la población. Tanto, que emergió un  nuevo tipo de movilización que podríamos caracterizar como «modelo 15M». Se trata de movimientos que surgen al margen de las estructuras tradicionales, desbordando a las organizaciones sociales que hasta ese momento los pilotaban, con picos muy altos de participación, recogiendo un amplio espectro social que les da transversalidad, organizados en red y con un importante uso de las tecnologías de la información y la comunicación.

Son movimientos como el 8M de los últimos tres años, la movilización de los jubilados, o el más reciente contra el cambio climático liderado por los jóvenes. En definitiva, un modelo difuso y líquido, con fuertes impactos mediáticos concentrados en el tiempo, pero con serias dificultades a la hora de mantener y estabilizar su actividad.

 

Cristina Monge

Cristina Monge es politóloga y doctora por la Universidad de Zaragoza, donde elaboró, en el Departamento de Derecho Penal, Filosofía del Derecho, e Historia del Derecho, su tesis doctoral sobre la idea y práctica de participación en el movimiento del 15-M Máster en Unión Europea por la UNED, Postgrado en participación ciudadana por la Universidad de Zaragoza, Máster en comunicación política por la Universidad Autónoma de Barcelona, y experta en función gerencial de ONGs por ESADE. Profesora asociada de Sociología en la Universidad de Zaragoza y tutora de Sociología y Ciencia Política en la UNED, colabora en centros de formación como el INAP y en estudios de postgrado de distintas universidades en materias relacionadas con la participación ciudadana, la calidad democrática y la emergencia climática. Es asesora ejecutiva de Fundación Ecología y Desarrollo y miembro del consejo asesor de la Fundación Renovables. Analista política para El País, Cadena SER, TVE, Infolibre, Green European Journal, y miembro del consejo editorial de la revista Ethic. En Agenda Pública coordina la sección de Transición Energética. Es autora de la monografía 15M: Un movimiento político para democratizar la sociedad (PUZ, 2017), que recoge buena parte de su tesis doctoral, y co-editora de la colección Más Cultura Política, Más Democracia (Gedisa), en la que además ha publicado Hackear la Política (2019).

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