Las mejores sociedades eligen a las mejores mujeres

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Artículo de opinión de Cristina Monge  @tinamonge  publicado el 08 de marzo de 2021 en InfoLibre (enlace). 

Las mejores sociedades eligen a las mejores mujeres

El pasado mes de abril, en plena emergencia de la primera ola del coronavirus, un artículo publicado en la revista Forbes haciéndose eco de un informe basado en datos del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés), afirmaba que los países que en aquel momento tenían menor número de muertes por covid estaban gestionados por mujeres. Enseguida surgió la pregunta de si las mujeres gestionan mejor la pandemia que los hombres, si existía en la condición femenina un plus que le daba ventaja sobre la masculina.

El tiempo se ha encargado de ir enturbiando cualquier hipótesis monocausal sobre la pandemia, ya que países que en un momento eran modélicos luego dejaron de serlo, y viceversa. Pero merece la pena profundizar en el asunto. Y más en este 8M, trufado de confusión, de debates intrafeministas y de desdichadas simplificaciones.

Los siete países que en aquel trabajo se señalaban de manera positiva eran Alemania, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega, Nueva Zelanda y Taiwan. Si se tiene en cuenta que sólo en 20 naciones del mundo la jefatura de Estado o de gobierno la ostentan mujeres, como se muestra en este interesante mapa de ONU Mujeres, realmente que siete de ellos fueran los mejores, llamativo.

Enseguida llegaron interpretaciones sobre el apego de las lideresas, por la propia naturaleza de su género, a los cuidados, la prudencia y a poner la vida por delante de la economía. Sin embargo, un análisis más profundo llevaba a desterrar la hipótesis. Desde nuestro entorno más cercano, la misma Comunidad de Madrid, hasta Estados orientales como Myanmar (en aquel momento), gobernados por mujeres, no han sido precisamente una muestra del cuidado y la empatía.

Sin embargo, si centramos el análisis en ver qué pasa en aquellos siete países citados por su buena gestión de la pandemia, de inmediato se podrá comprobar que todos ellos figuran en los puestos más altos de los diferentes rankings de calidad democrática:

  • En el índice V-Dem, todos estos países están dentro de los 25 primeros puestos a excepción de Taiwan, que está en el 37 pero el primero entre los asiáticos.
  • En el prestigioso Freedom House, el último puesto que ocupan todos estos países, Taiwan incluido, es el 22.
  • En el Democracy Index 2020 de The Economist, nuestros 7 Estados se encuentran entre los 15 primeros del mundo.

Es verdad que los índices citados pueden provocar dudas, priorizan unas variables frente a otras y siempre son objeto de discusión, pero, ¿acaso no es curioso que todos ellos coincidan en situar a esas naciones en los puestos más altos? Haría falta un análisis más pormenorizado para detallar las causas concretas, pero esta primera mirada ofrece una imagen reveladora.

Quizá, en lugar de afirmar que las mujeres gestionan mejor que los hombres, haya que profundizar un poco más en indagar qué caracteriza a las naciones que han sido capaces de elegir como presidentas o jefas de Estado precisamente a esas mujeres, cuya gestión es digna de alabanza. Y ahí nos encontraremos con que lo que tienen en común guarda relación con su madurez como sociedad, su cohesión social y la calidad de su democracia.

El éxito de algunas mujeres en la gestión de la pandemia no tendría tanto que ver, por consiguiente, con el hecho de ser mujeres, ni de, en consecuencia, estar atravesadas por los dones del cariño y los cuidados que el sesgo de género nos atribuye, sino con la madurez democrática de sociedades que son capaces de escoger no sólo a mujeres, sino a unas mujeres determinadas. Porque la igualdad, como la libertad o la justicia, es un asunto que atañe a las ciudadanías en su conjunto.

La causa feminista forma parte de un entramado de derechos y aspiraciones que apuntan a la calidad democrática, el equilibrio social, el conocimiento, el respeto al medio ambiente o la cultura. En esa atmósfera ética y estética, es donde la mujer ganará definitivamente los mejores puestos, y lo hará en nombre de los mejores valores.

Este es uno de los debates más interesantes sobre el feminismo que nos ha dejado un año de pandemia, pero, al igual que se preguntaba Mariam Martinez Bascuñan en este artículo sobre lo que el confinamiento ha supuesto a las mujeres: ¿por qué no estamos hablando de esto?

Cristina Monge

Cristina Monge es politóloga y doctora por la Universidad de Zaragoza, donde elaboró, en el Departamento de Derecho Penal, Filosofía del Derecho, e Historia del Derecho, su tesis doctoral sobre la idea y práctica de participación en el movimiento del 15-M Máster en Unión Europea por la UNED, Postgrado en participación ciudadana por la Universidad de Zaragoza, Máster en comunicación política por la Universidad Autónoma de Barcelona, y experta en función gerencial de ONGs por ESADE. Profesora asociada de Sociología en la Universidad de Zaragoza y tutora de Sociología y Ciencia Política en la UNED, colabora en centros de formación como el INAP y en estudios de postgrado de distintas universidades en materias relacionadas con la participación ciudadana, la calidad democrática y la emergencia climática. Es asesora ejecutiva de Fundación Ecología y Desarrollo y miembro del consejo asesor de la Fundación Renovables. Analista política para El País, Cadena SER, TVE, Infolibre, Green European Journal, y miembro del consejo editorial de la revista Ethic. En Agenda Pública coordina la sección de Transición Energética. Es autora de la monografía 15M: Un movimiento político para democratizar la sociedad (PUZ, 2017), que recoge buena parte de su tesis doctoral, y co-editora de la colección Más Cultura Política, Más Democracia (Gedisa), en la que además ha publicado Hackear la Política (2019).

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