Guerras nada culturales

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Artículo de opinión de Cristina Monge  @tinamonge  publicado el 2 de julio de 2023 en InfoLibre (enlace).

Guerras nada culturales

Desde hace una década, se escucha hablar con frecuencia de las “guerras culturales” sin prestar atención a qué esconde dicho concepto. Se hace, además, olvidando que fue Steve Bannon, el ideólogo de la ultraderecha, quien propuso esta idea, hoy popularizada, como si de un nuevo campo de batalla se tratara, y lo hizo aludiendo a ello como forma de cuestionar el derecho al aborto, criminalizar la migración, desprestigiar las instituciones y arrojar contra el “establishment democrático” toda la frustración, furia e indignación tanto de los perdedores de la globalización como, sobre todo, de los que tenían miedo a ser los siguientes que el sistema dejara varados en el camino. El objetivo era claro: la victoria de Donald Trump en EEUU y la construcción de una red de ultraderecha en Europa.

La expresión tiene sus antecedentes en la revolución cultural de Mao y su intento de recuperar a un proletariado peligrosamente desclasado, cambiando la lucha de clases por la lucha de identidades. Marcuse le siguió la pista y vio en lo que hoy llamaríamos valores o movimientos post-materialistas la construcción de un sujeto político revolucionario. Hoy, escondido por el desprestigio de la palabra “ideología”, se están produciendo auténticos combates ideológicos bajo el pseudónimo de “guerra cultural”, ayudando a generar una maraña de confusión que ayuda sobremanera a sus creadores.

Todas las nociones de cultura, que son muchas, aluden a la idea de saberes, conocimientos adquiridos mediante el estudio o las experiencias vividas, modos de vida, construcción compartida, placer o diálogo, entre otras. Algo diametralmente alejado de lo que hoy se etiqueta como “guerra cultural”.

Lo llaman guerras culturales para no reconocer lo que esconden: una subversión de los valores de convivencia democráticos sobre los que se han fundado nuestras sociedades

Nada de conocimiento, saberes, experiencias vividas o diálogo hay en la prohibición de una obra de Virginia Woolf, como ha sucedido en el madrileño municipio de Valdemorillo, donde gobierna Vox. Nada tiene que ver con la construcción compartida o el diálogo la censura a la película Lightyear por parte de la alcaldesa de Santa Cruz de Bezana (Cantabria) por una escena con un beso entre dos mujeres. Por cierto, al igual que hicieron hace un año en Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, y en un puñado de países asiáticos, como Malasia. Curiosamente, los que critican la presunta “invasión” del mundo árabe en Europa son los que se comportan como los más radicales e intransigentes de los integristas musulmanes. Lo llaman guerras culturales para no reconocer lo que esconden: una subversión de los valores de convivencia democráticos sobre los que se han fundado nuestras sociedades.

Tampoco hay nada de conocimiento, sino más bien un desprecio absoluto del mismo, en la negación de la crisis climática que se manifiesta de forma cada vez más virulenta, o en actitudes antivacunas como las que profesa la recién elegida presidenta de las Cortes de Aragón en virtud del acuerdo entre el Partido Popular y Vox.

Bajo la etiqueta, de apariencia cool, de las “guerras culturales” se esconde una auténtica batalla política, de ideología en vena, que se aprovecha de la incertidumbre, la frustración y el miedo.

Cristina Monge

Cristina Monge es politóloga y doctora por la Universidad de Zaragoza, donde elaboró, en el Departamento de Derecho Penal, Filosofía del Derecho, e Historia del Derecho, su tesis doctoral sobre la idea y práctica de participación en el movimiento del 15-M Máster en Unión Europea por la UNED, Postgrado en participación ciudadana por la Universidad de Zaragoza, Máster en comunicación política por la Universidad Autónoma de Barcelona, y experta en función gerencial de ONGs por ESADE. Profesora asociada de Sociología en la Universidad de Zaragoza y tutora de Sociología y Ciencia Política en la UNED, colabora en centros de formación como el INAP y en estudios de postgrado de distintas universidades en materias relacionadas con la participación ciudadana, la calidad democrática y la emergencia climática. Es asesora ejecutiva de Fundación Ecología y Desarrollo y miembro del consejo asesor de la Fundación Renovables. Analista política para El País, Cadena SER, TVE, Infolibre, Green European Journal, y miembro del consejo editorial de la revista Ethic. En Agenda Pública coordina la sección de Transición Energética. Es autora de la monografía 15M: Un movimiento político para democratizar la sociedad (PUZ, 2017), que recoge buena parte de su tesis doctoral, y co-editora de la colección Más Cultura Política, Más Democracia (Gedisa), en la que además ha publicado Hackear la Política (2019).

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