Cien días

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Artículo de opinión de Mikel Mancisidor @MMancisidor1970  el 5 de junio de 2022 en Noticias de Álava (enlace)

Cien días

Esta semana se han cumplido cien días de una guerra de la que solo Putin es responsable. Aquellas justificaciones que en su día difundió la propaganda rusa –y que algunos en nuestro entorno replicaron– se han ido demostrando en estos cien días tan falsas como un billete del monopoly. Hoy sabemos que la guerra es una agresión contraria al Derecho Internacional. Lo dicen la Asamblea General de la ONU y la Corte Internacional de Justicia, que son lo más próximo que podemos imaginar a los máximos órganos parlamentario y judicial globales, si esos conceptos pudieran emplearse a ese nivel.

Frente a esta agresión ilegal, ilegítima y criminal (no es una mera gradación con fines estilísticos, cada calificativo tiene aquí un sentido preciso), el agredido conserva «el derecho inmanente de legítima defensa, individual o colectiva», (Carta de la ONU) y solo al agredido corresponde decidir si quiere ejercerlo, pagando un precio por ello. Frente a quienes le dijeron a Ucrania que mejor era rendirse y someterse a la voluntad del poderoso, que resistir era un derramamiento de sangre inútil, que nada podía hacerse y que era mejor claudicar para no ofender o irritar al agresor y evitar así que su ofensiva fuera más cruel, el país decidió defenderse. Y cien días después, para sorpresa de todos, parece aguantar. Yo nunca osé en estas páginas decirles a los ucranios lo que debían hacer, pero sí respeto su decisión. Y una vez que ellos han decidido que quieren defenderse, entre el agresor y el agredido no tengo dificultad en tomar partido, entre el crimen y el derecho no tengo duda.

Estos cien días han cambiado la ONU y han cambiado Europa. Las primeras ministras de Suecia y Finlandia tocan a la puerta de la OTAN. No se trata de una provocación ante Rusia, sino de una necesidad de protegerse colectivamente ante un agresor más fuerte que ha decidido romper las reglas de la convivencia entre estados en Europa. La primera ministra de Dinamarca ha liderado otro cambio histórico: la incorporación de su país en las estructuras defensivas comunes de la Unión. Las ministras alemanas de Exteriores y de Defensa (verde y socialdemócrata) han conducido otro giro importante de la política exterior y militar de su país para fortalecerse ante las nuevas amenazas.

Todavía me acuerdo de un meme muy machista que se difundió por las redes durante los primeros días de la guerra. En un lado aparecía, en uniforme militar y con gesto de malo de película, el ministro ruso de defensa lleno de medallas. En el otro lado, las fotos oficiales de seis ministras de Defensa europeas, vestidas de civil y con rostros relajados y amables (la foto de sus homólogos hombres no aparecía). La intención de quienes lo difundían era clara: frente a un hombre duro con estética militar, ese grupo de mujeres no podría liderar con garantías la defensa europea. Estamos abocados a la derrota. Hubo otro meme con la misma idea adaptada al caso español con una foto poco agraciada de la ministra de Defensa. Hoy estas mujeres siguen al frente de sus responsabilidades y el ministro ruso lleva un par de meses políticamente desparecido.

Otras ideas, con mayores o menores paralelismos, que provienen de una tradición más de izquierdas, defienden que no está en la naturaleza de la mujer hacer la guerra y cuando le toca hacerla casi parece como que dejara de operar como mujer: «No me sirve el ejemplo de Golda Meir o Margaret Thatcher: son mujeres hechas a la medida de los hombres, que los imitan», dice una conocida intelectual.

Esta guerra ha sido provocada por un hombre que gobierna un régimen profundamente machista. Ante esa realidad las primeras ministras sueca, finesa y danesa, y las ministras de Defensa española, belga, francesa, holandesa o alemana –y tener que decirlo a estas alturas da mucho rubor– han respondido, como cualquiera, desde su identidad, con la determinación impuesta, supongo, por su conciencia y su responsabilidad, sin hacerse a la medida de otros o imitar a nadie.

Mikel Mancisidor

Mikel Mancisidor, jurista y doctor en Relaciones Internacionales y Diplomacia (Geneva School of Diplomacy), es miembro (experto independiente) del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU (2013-2024). Es miembro del Consejo de Gobierno de la Universidad de Deusto, donde enseña Derecho Internacional. Desde 2015 es miembro del Faculty (como Adjunct Professor) del Washington College of Law (American University) a cargo del curso Advanced Studies on International Human Rights Law. Desde 2016 imparte docencia en los cursos del Instituto Internacional de Derechos Humanos René Cassin (Estrasburgo). Ha participado en numerosas conferencias internacionales de la ONU y la UNESCO. Premio de Humanidades, Cultura y Ciencias Sociales de Eusko Ikaskuntza – Laboral Kutxa (2020), miembro de número de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País (2019) y Medalla de Oro de los Derechos Humanos de la Liga Pro-Derechos Humanos (2013). Colaborador habitual en prensa escrita.

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