Auzodata: Datos para el bien común

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on email
Email

Artículo de opinión de Txetxu Ausín @AusinTxetxu y Alberto Sotomayor @asotomayor (Kutxa Fundazioa), publicado en El Diario Vasco el 15 de abril de 2021 (enlace)

Auzodata: Datos para el bien común

Escuchamos cada vez más a menudo que vivimos en la era de los datos, que los datos son el combustible que alimenta la nueva revolución económica y social que nos permite capturar y calcular mejor todos los aspectos físicos, materiales y hasta intangibles de la existencia y actuar de forma más precisa y segura sobre ellos: Desde el abordaje de las pandemias como la que padecemos, al desarrollo y chequeo de medicamentos, pasando por el estudio del medioambiente, la gestión pública, el desarrollo de mejores servicios sociales, los transportes, el activismo y, en última instancia, la inteligencia colectiva y la cooperación.

A través de los datos masivos (big data) y de su tratamiento mediante técnicas de inteligencia artificial (algoritmos), podemos desarrollar vacunas con más rapidez y seguridad, podemos gestionar el tráfico de una ciudad de manera más eficiente, podemos analizar con más precisión la contaminación ambiental o podemos implantar políticas de cooperación al desarrollo más eficaces.

Pero nos sentimos abrumados y hasta desconfiados por el uso o abuso de los datos. Nos da miedo la pérdida de privacidad, el riesgo de control, la vigilancia y el que seamos perfilados o etiquetados en función de nuestros datos. Sobre todo, nos produce recelo la gestión de los datos por parte de las instituciones públicas ante la posibilidad de un recorte de nuestras libertades. Y sin embargo, paradójicamente, manifestamos una tranquilidad infundada y hasta descuidada hacia situaciones que plantean un peligro genuino, como es la cesión constante de todos nuestros datos personales a las grandes corporaciones tecnológicas a cambio del uso de herramientas que han convertido en indispensables para nuestra vida (Gmail, Whatsapp, Facebook, Instagram y todo tipo de apps y gadgets conectados a servidores en la “nube”).

Se abre así una nueva perspectiva de la realidad, del mundo, como datos que pueden ser explorados y explotados, lo que conduce a nueva concepción del ser humano y de su identidad. Se datifican todos los aspectos de nuestra vida, tangibles e intangibles (yo-cuantificado) y, no solo eso, se otorga un valor comercial a esa datificación de modo que nuestras actividades nos definen como un objeto mercantil (“somos el producto”).

Las nubes digitales, exitosa metáfora, no dejan de ser sino los ordenadores y centros de almacenamiento de las grandes corporaciones tecnológicas, auténticos “señores feudales” del espacio digital, un espacio cada vez más relevante en nuestras vidas, como ha puesto de manifiesto la pandemia, pero que está dominado por unos pocos, ajenos a cualquier control democrático y social.

Sin embargo, es posible y necesario un uso ético y socialmente responsable de los datos masivos, para generar políticas públicas anticipatorias, servicios, actividad económica y acciones de denuncia social, tanto a nivel macro (instituciones y administraciones), como meso (organizaciones y empresas) y micro (asociaciones y personas). Esto es, compartir y reutilizar los datos para el bien común sobre la base de principios éticos como la seguridad, la privacidad, la inclusión, la equidad, la transparencia y la protección del medio ambiente y de las generaciones futuras.

Para ello se requiere de un “empoderamiento tecnológico” de la ciudadanía que reconozca la importante cadena de valor social que proporciona usar, compartir y reutilizar los datos, unos datos de los que ya se dispone, generados por individuos, organizaciones, instituciones y servicios pero que, para su interoperabilidad y aprovechamiento, se carece de infraestructuras y dinámicas. (La mayoría de estos datos no son de carácter personal o están debidamente anonimizados de tal modo que no plantean problemas con relación a la privacidad).

Este enfoque proactivo y socialmente responsable del uso de los datos masivos implica una “soberanía ciudadana” sobre los mismos y, por lo tanto, el establecimiento de fórmulas de control público y de gestión colectiva y cooperativa de un bien tan preciado para empresas, instituciones, entidades y ciudadanos en general. Un auzolan de los datos: auzodata.

Con el fin de impulsar esta “economía circular del dato”, sustentada sobre la idea de que debemos cuidar de los datos para cuidarnos y cuidar de los demás, se propone el Pacto Pro Data Gipuzkoa Ituna (fruto del proceso colaborativo realizado en la comunidad “Eta Orain, Zer”) que les invitamos a consultar y hacer suyo:

https://etaorainzer.eus/pacto-pro-data-gipuzkoa-ituna/

Txetxu Ausín

Científico Titular en el Instituto de Filosofía del CSIC (Grupo de Ética Aplicada GEA). Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco (premio extraordinario), es profesor invitado en varias universidades y colaborador en el Instituto de Gobernanza Democrática Globernance. Sus áreas de trabajo son la ética pública, la bioética, los derechos humanos y la filosofía de las tecnologías disruptivas. Editor y autor de publicaciones sobre estos temas, ha sido fundador de la revista electrónica de éticas aplicadas DILEMATA. En la actualidad forma parte de los equipos de investigación de BAKARZAIN: Soledad no deseada y cuidados, EXTEND: Bi-directional Hyper-connected Neural System, BIODAT: Datos en salud y Detección y eliminación de sesgos en algoritmos de triaje y localización para la COVID-19. Vocal independiente de la Comisión de Ética Pública del Gobierno Vasco y del Comité de Ética y Garantías de UNIBASQ, colabora también en la Red ESPACyOS (Ética Salubrista para la Acción, Cuidados y Observación Social).

Más publicaciones y noticias

Ir al contenido