Juan José Álvarez

Catedrático de Derecho Internacional Privado de la UPV/EHU y consejero-abogado del Despacho Cuatrecasas. Experto independiente designado por la Comisión Europea para las áreas de libertad, seguridad y justicia, y coordinador académico del observatorio jurídico transfronterizo hispano-francés. Ha realizado diversas investigaciones sobre Derecho Marítimo, Derecho del Comercio Internacional, Derecho Foral e Interregional y Arbitraje Comercial Internacional.

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Reconocimiento de la nación vasca

Reconocimiento de la nación vasca

Artículo de opinión de Juanjo Álvarez publicado el 26/11/2017 en DEIA (Enlace)

¿Cuál ha de ser el centro de atención nuclear de la política y del proyecto del Gobierno, del proyecto político que impulsa, de la sociedad que queremos ir construyendo, de la Euskadi que queremos?; ¿ha de ser un proyecto anclado en la épica de la ruptura o un proyecto orientado a la protección y al desarrollo de los ciudadanos y ciudadanas vascas?.

Es posible consolidar, profundizar y actualizar el autogobierno y de esta forma seguir avanzando en la construcción de la cohesión social, en la igualdad de oportunidades, en la lucha permanente contra las desigualdades basadas en la injusticia. El autogobierno es eficaz y nos proporciona un bienestar mayor. Y el valor supremo ha de ser la búsqueda del pacto y del Acuerdo como instrumento de acción política.

El encuentro social debe articularse sobre el valor superior de los derechos humanos y la dignidad de la persona. No hay convivencia con memoria inclusiva y solidaria sin el reconocimiento de ese valor superior de la persona y su dignidad. Un requisito previo básico para poder abordar cualquier consenso social y político entre nosotros en esta materia.

Es el momento de reivindicar y desarrollar un nacionalismo dialogante, pactista, negociador, reformista, no rupturista, únicas actitudes que aunque con dificultades y limitaciones nos pueden ayudar a dar pasos adelante en nuestro autogobierno. La apelación al diálogo y al pacto no ha de ser coyuntural, porque fuera de las hojas de ruta basadas en el diálogo y en el pacto no hay solución ni para Euskadi ni para Cataluña. Fuera de la idea de pacto y acuerdo lo único que puede haber es confrontación que puede dar origen a la imposición y a la división, cuando no al callejón sin salida y a la frustración. El nacionalismo catalán va a “salir” de esta encrucijada mucho más debilitado.

El pacto es la única estrategia que puede algún día ayudar a encauzar el conflicto vasco o el catalán, pero además debe tenerse en cuenta que es una necesidad intrínseca o inherente a la sociedad vasca, marcada por su diversidad o heterogeneidad. Precisamente por eso el pacto ha de materializarse en una doble dirección. Ha de trabajarse en favor de un pacto interno y externo para construir una nación vasca mucho más fortalecida y cohesionada.

Ha de ser una nación vasca basada en el pacto interno de los propios vascos. Este es el consenso nacional que precisamos. Este es nuestro gran desafío. Nuestro máximo reto. La prioridad no puede ser la confrontación con el Estado sino la de lograr ser capaces de articular un potente consenso interno y lograr así articular entre todos un proyecto nacional compartido desde la pluralidad existente en nuestra sociedad vasca.

Nuestra pluralidad interna no es una realidad a eliminar o  a pulir o  a corregir; al contrario, es un elemento constitutivo de nuestra manera de ser. Somos todos vascos pero pensamos distinto. No hay homogeneidad nacional. El reto es si desde la heterogeneidad, desde la diversidad  de identidades nacionales o colectivas, es posible construir para todos una identidad nacional vasca convergente, sin que nadie tenga que asumir el modelo de nación del otro.

La nación vasca posible no es ilimitada, no es la nación de la Izquierda abertzale, tampoco la nación del nacionalismo tradicional. La nación vasca posible tampoco es la de los constitucionalistas empeñados en reducir todo a la identificación de una mera comunidad cultural. Hay que lograr aglutinar todas esas concepciones y maneras de ser y de sentirse vasco para lograr emerger una nación vasca común, en la que el sueño y las aspiraciones de unos no se conviertan en las pesadillas de los otros.

Por todo ello se impone la vía del pacto se opone a la de la imposición o a la de la unilateralidad. Quien defiende la unilateralidad por la imposibilidad del acuerdo o del pacto no solo defiende la unilateralidad frente a Madrid, frente a la legalidad española, sino también frente a la otra parte de la sociedad vasca o catalana que no comparte su hoja de ruta. Acordemos entre nosotros, eso nunca será claudicar sino avanzar juntos hacia un proyecto de nación compartido.

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